Surgimiento del cristianismo

La influencia del cristianismo

La manera cómo llevamos el calendario permite entender la gran influencia que ha tenido el cristianismo en la cultura, especialmente en Occidente, es decir Europa y América. Aunque hay otros calendarios (como el chino y el judío), en el mundo entero el oficial es el calendario occidental.

Esta influencia cultural se debe al hecho de que el cristianismo ha sido prácticamente la única religión en Europa, así como de muchos países del Mediterráneo y Medio Oriente, desde al menos el siglo IV hasta la actualidad. En el XV llegó con los conquistadores a América. A su vez, la Iglesia ejerció gran influencia política. Por lo tanto, reyes, cortes, ejércitos y pueblos se declaraban cristianos. Su influjo internacional, sin embargo, disminuyó desde el siglo XVIII, al adoptarse el laicismo oficial en muchos países.

Orígenes del cristianismo

En Palestina, dominada entonces por el Imperio romano, nació a comienzos del siglo I de nuestra era, Jesús de Nazaret, también conocido como Jesús, Cristo o Jesucristo, quien es la figura central del cristianismo. La mayoría de las denominaciones cristianas creen que es el Hijo de Dios que, con su muerte y posterior resurrección, redimió al género humano.

Sin juzgar los aspectos religiosos –pues la educación laica es una educación neutral frente a las creencias de cada individuo y familia–, sí se puede afirmar históricamente que Jesús, con su prédica de amor, perdón y solidaridad, atrajo a multitudes; que parte del pueblo judío vio en él al mesías, el redentor que esperaban. Por su parte, él se apartó de los poderosos, los criticó y anduvo con la gente más baja y despreciada. Entre la gente del pueblo escogió doce apóstoles para que le siguieran y continuasen su obra.

Los jerarcas del judaísmo vieron en Jesús una amenaza a su poder y conspiraron para que el gobernador romano lo condenase a muerte. Jesús fue apresado, flagelado y finalmente clavado en una cruz, como se ejecutaba a los criminales no romanos.

El grupo de seguidores

El grupo de seguidores continuó reuniéndose, bajo la dirección de los apóstoles. Las pequeñas comunidades, compuestas por judíos y no judíos conversos, enfrentaron dificultades para crecer, pues las autoridades perseguían y mataban a los cristianos.

Pablo de Tarso, un judío perseguidor de los cristianos, se convirtió al cristianismo y se volvió un formidable propulsor de la nueva fe. Él y varios de los apóstoles prefirieron dejar Judea y evangelizar en otros países. Pedro, el apóstol a quien Jesús le había nombrado jefe de su iglesia, fue a Roma. Allí extendió el cristianismo y fue obispo durante unos 25 años. El emperador Nerón, temeroso de que esta nueva religión tan popular disminuyera su poder, desató una furiosa persecución. Arrojaba a los cristianos a los leones en las funciones del circo romano, mataba a otros con torturas y, finalmente, los acusó de provocar el gran incendio de Roma. Prendió a Pedro y lo hizo crucificar cabeza abajo (año 64). Mientras tanto, Pablo, que había sido apresado una vez más en Jerusalén, apeló a su derecho de ciudadano romano de ser juzgado en Roma, a donde llegó preso el año 61 y, aunque fue liberado en 63, Nerón ordenó su recaptura y muerte. Así, Pablo fue decapitado (año 67).

Los cristianos de Roma optaron por llevar una vida oculta: se reunían en pequeños templos bajo tierra a donde era difícil entrar por los laberintos de pasadizos subterráneos (las catacumbas). De esa manera, lograron sobrevivir y crecer como una religión del pueblo, al igual que en otras ciudades del Mediterráneo.

Legalización y unión con el poder político

Durante tres siglos, el cristianismo sobrevivió y creció en la oscuridad. Reconoció esta realidad el emperador romano Constantino (272-337), quien gobernaba sobre un imperio en constante expansión y fue famoso también por refundar la ciudad de Bizancio a la que llamó Constantinopla. A los 40 años de edad se convirtió al cristianismo y dictó en 313 el edicto que permitió practicar libremente la religión cristiana sin que se castigue a sus fieles por no acatar la religión oficial del imperio. Apoyó iniciativas de la Iglesia como el Concilio de Nicea y la construcción de basílicas.

Esto fue crucial para la expansión del cristianismo, pues dejó de ser únicamente religión de los pobres, practicada en secreto y afrontando el peligro de muerte, para poco a poco ser adoptada por las clases dominantes. Más aún, en el año 380 se convirtió en la religión oficial del imperio romano por edicto del emperador Teodosio I.

Pero la unión del poder temporal (el emperador) y espiritual (los obispos) fue también el inicio de muchos problemas que enfrentará la iglesia en siglos posteriores, al mezclarse política y religión.

La unión del cristianismo y el poder imperial se reforzó aún más cuando el papa León III el 25 de diciembre de 800 coronó a Carlomagno (742814) como Emperador Augusto y protector de la iglesia. Carlomagno, rey de los francos, a través de conquistas, estableció un imperio que cubría buena parte de la Europa occidental y central. Luego el imperio sucumbió, pero su gobierno y sus leyes sentaron las bases de lo que sería Europa occidental en la Edad Media.

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