Los océanos del mundo

Si algo define a la Tierra es que se trata de un “planeta azul”. El agua ocupa 71% de su superficie, por lo que vista a la distancia, como es posible hacerlo ahora por las fotografías tomadas por los astronautas y por naves espaciales no tripuladas, se la ve en el cielo como un punto azul, al contrario de los demás planetas que carecen de agua.

El océano se formó hace casi 4.000 millones de años. Luego, al separarse las placas tectónicas se dividió en los cinco grandes océanos que conocemos actualmente: el Pacífico, el Atlántico, el Índico, el Glacial Ártico y el Glacial Antártico, pero en realidad se trata de uno solo, un océano global, que lo comprobamos si vemos la Tierra desde el espacio, desde donde descubrimos que todas las aguas se relacionan entre sí por los mares polares.

Antes de desarrollarse la navegación y la técnica de los mapas, los seres humanos veían al océano como unidades distintas. De allí que hoy llamemos a las grandes masas de agua que separan los continentes con nombres propios. A su vez, en cada océano hay zonas delimitadas, próximas a los continentes o incluso interiores, que forman los mares regionales. Por eso se habla del “mar de la China”, del “mar del Japón”, del “mar Mediterráneo” y de muchos otros, que tienen sus denominaciones particulares, por razones históricas o culturales. Las bahías, canales, estuarios y estrechos que forma el mar en su interacción con los ríos que desembocan en él están llenos de vida, tanto marina como terrestre. Las penínsulas, islas y archipiélagos son accidentes geográficos que marcan la presencia de zonas terrestres en la inmensidad oceánica.

Los océanos junto con los ríos y lagos forman lo que se conoce como hidrosfera o hidrósfera, es decir, el conjunto global de las aguas del planeta Tierra. Del total, los océanos contienen 96% del agua líquida de la Tierra. Es decir que agua dulce es solo 4% del agua del planeta.

La salinidad del agua del mar, que por siglos inquietó a los científicos, solo tuvo respuesta definitiva a fines de los años 1970 y comienzos de los 1980. Esta proviene de tres fuentes: la sal y el potasio que la lluvia lava de las rocas terrestres; las filtraciones del agua de mar por las grietas de aberturas hidrotermales existentes en el lecho marino que viene de regreso cargada de sal y las erupciones de los volcanes submarinos.

La temperatura no es igual en toda la masa de agua de los océanos. La capa superficial, de profundidad variable (entre 30 y 500 m, según las zonas), es templada (de 12 a 30 ºC). Debajo de ella está la capa de agua fría, con temperaturas entre 10 y 1 ºC. Por supuesto, el agua es más caliente en las zonas ecuatoriales y tropicales, más fría en las zonas templadas y gélida o helada cerca de los polos. En los países con cuatro estaciones es más cálida en verano y más fría en invierno.

El funcionamiento de los océanos determina el clima y es la causa de la diversidad de la vida que hay en nuestro planeta. En realidad, son una riqueza que se debe cuidar, pues son esenciales para nuestras vidas. Son los mayores pulmones del planeta, pues de ellos proviene más de la mitad de todo el oxígeno de la atmósfera. Además, capturan una cuarta parte de todo el anhídrido carbónico (CO2) causado por la contaminación. De sus peces y otros productos marinos se alimentan 3.500 millones de seres humanos, es decir, la mitad de la población mundial. Son, por supuesto, clave para el comercio, pues es por mar que barcos grandes y pequeños llevan los productos.

El océano Pacífico

El océano Pacífico, del cual el Ecuador es ribereño, es el más antiguo, más extenso y más profundo del planeta. Su superficie, como puede verse en el cuadro de la página 125, es el doble del que le sigue, el Atlántico. Es tan grande que ocupa una tercera parte de toda la Tierra. Su extensión latitudinal (entre las costas de Indonesia y las de Perú) es casi la mitad de la circunferencia del globo, con 19.800 km. Al ser tan grande y profundo, acumula una inmensa cantidad de agua.

Su ribera occidental son Asia y Australia y la oriental, América. El relieve de su lecho marino se caracteriza por una gran llanura en las profundidades de su parte central y una cadena de montañas sumergidas (llamada la dorsal oceánica) que va paralela a las costas de América y gira antes de la Antártida para llegar a Australia.

Su nombre le fue puesto en 1521 por el navegante español Fernando de Magallanes, quien, tras las tormentas y dificultades al cruzar desde el Atlántico (por lo que hoy se conoce como el estrecho de Magallanes), encontró un mar inusualmente tranquilo. Pero aquel mar no es siempre así; al contrario, está plagado de huracanes, tsunamis y tifones, y su fondo está cubierto de volcanes activos. En ese lecho está también el sitio más profundo del mundo, la Fosa de las Marianas (de 11.000 m), lo que resulta ser 25% mayor que la altura del Everest (el monte más alto del mundo, que tiene 8.848 msnm).

En su área hay unas 25 mil islas. La mayoría de ellas forman parte de Oceanía (con los archipiélagos de la Polinesia, Micronesia y Melanesia) y otras ya de Asia como las Filipinas y el archipiélago del Japón. Por supuesto, del lado de América, las Galápagos.

El Pacífico influencia el clima de todo el planeta a través de lo que se conoce como el fenómeno de “El Niño”, nombre dado por los pescadores de Ecuador y Perú por la aparición de una corriente cálida en el período anterior a la Navidad. Aunque este es un fenómeno anual, cada cierto número de años (entre cuatro y ocho) el agua de la región ecuatorial occidental del Pacífico se pone más caliente que de ordinario.

Las placas tectónicas que se mueven lenta pero inexorablemente debajo y alrededor de este gran océano hacen del Pacífico la región con mayor actividad sísmica del mundo: 81% de todos los terremotos registrados se dan en su área, donde además está el 90% de los volcanes activos del mundo, colocados justamente en el borde de las placas formando lo que se conoce como “Anillo de fuego del Pacífico”.

El océano Atlántico

El océano Atlántico se extiende desde Europa y África en su ribera oriental hasta América en la occidental. Tras el Pacífico, es el segundo más extenso y ocupa 16% de la superficie de la Tierra. Es el océano más joven del planeta, habiéndose formado hace 200 millones de años al dividirse el supercontinente Pangea. Su máxima profundidad está en la fosa de Puerto Rico, y en el fondo le atraviesa la gran Dorsal Atlántica o cordillera sumergida, que va desde Islandia hasta cerca de la Antártida.

Este mar, que se pensaba llevaba al fin del mundo, fue tras la Era de los Descubrimientos un océano clave para la comunicación y el comercio entre Europa y América (Indias Occidentales).

Atlántico y Pacífico son los únicos océanos que se comunican con los otros cuatro. Además de las vías naturales (Cabo de Hornos), se comunica artificialmente con el océano Pacífico a través del canal de Panamá. Con el Índico en el meridiano 20º este (cabo de las Agujas), con el Antártico por el paralelo 60º sur y con el Ártico cerca de Groenlandia e Islandia.

El Atlántico abarca una serie de mares muy conocidos como el Mediterráneo, el Caribe, del Norte, Groenlandia, Noruega, Escocia, Irlanda, el estrecho de Davis, los canales de Bristol y de la Mancha, golfos como los de Vizcaya, San Lorenzo, México, Guinea, la bahía de Fundy y el Río de la Plata.

El océano Índico

El océano Índico baña las costas orientales de África, la península arábiga y las del sur de Asia hasta las occidentales de la península de Malaca, islas de la Sonda y Australia, siendo su anchura de 10.000 km. Es el tercer mayor depósito de agua en el mundo. Su superficie representa 20% de los espacios marinos del mundo (incluyendo el Mar Rojo y el golfo Pérsico); su volumen se estima en 292’130.000 km³. Es el más cálido y también el que tiene mayor salinidad. Su fondo, de estructura compleja y variada, se caracteriza por una dorsal central que desciende desde la península arábiga y se bifurca en dos en su punto medio: una rama se dirige a Sudáfrica y la otra a Australia.

Es el más cálido de todos los océanos. Al norte, la temperatura casi nunca baja de los 25 ºC, aunque cerca de la Antártida se reduce a cerca de 0 ºC, con una media de 17 ºC. Su interacción con el continente es fuerte, por la acumulación de nubes y la dirección de los vientos, que causan grandes tormentas: los ciclones de verano y los monzones de invierno.

Este océano es muy traficado por barcos petroleros desde sus fuentes en el golfo de Indonesia hacia mercados del sudeste asiático, pero también por el canal de Suez hacia el Mediterráneo y por sus dos extremos hacia el Atlántico y el Pacífico.

El océano Ártico

El océano Glacial Ártico, también conocido como mar Ártico, se encuentra alrededor de los terrenos del Polo Norte, formando como un estanque circular rodeado de masas de tierra. Es el menos profundo y más pequeño del mundo. Su máxima profundidad se encuentra en el mar de Beaufort. Tiene dos zonas climáticas: la polar ártica y la subpolar. En la primera la temperatura constante del aire es bajo cero. En la segunda puede llegar en verano hasta una máxima de 10 ºC, pero es muy fluctuante. La noche polar reina aquí desde principios de otoño hasta principios de primavera. Todo es oscuro, aunque el cielo permanece despejado y sin nubes. Durante el día polar (el llamado verano polar), en cambio, el cielo siempre está nublado y hay tormentas de nieve y lluvia.

Se halla en contacto con el Atlántico y el Pacífico (a través del estrecho de Bering). Un extenso casquete de hielo lo protege durante todo el año de las influencias atmosféricas, permitiendo solo la navegación con rompehielos a lo largo de la costa de Rusia y entre las islas del archipiélago ártico canadiense. Sin embargo, con el cambio climático y el alza de la temperatura de los océanos, en los últimos años se han derretido zonas del casquete creando una vía de agua que es transitada por barcos especialmente rusos que van desde el Extremo Oriente ruso a Canadá.

El ecosistema del Ártico es muy frágil; su recurso vegetal es el fitoplancton del mar, porque en la mayor parte de la tierra no crece nada. Ballenas, focas, peces y mariscos viven en mar abierto. Sobre la tierra, cubierta de hielo, viven osos polares, lobos, bueyes almizcleros, liebres y zorros árticos. Hay aves (como búhos de nieve, golondrinas de mar grises, araos) que se han adaptado a la vida de las costas subpolares.

La propiedad de las aguas de este océano es muy disputada por varias potencias, pues se sabe que el Ártico tiene grandes depósitos de gas natural y petróleo crudo.

El océano Antártico

El océano Glacial Antártico, también conocido como océano Austral o Meridional, se extiende desde la costa de la Antártida hasta los 60º Sur. En términos de volumen, ocupa el cuarto lugar entre los cinco océanos, conectándose a tres de ellos: Pacífico, Atlántico e Índico. Su punto más bajo está en la fosa de las Sandwich del Sur.

La temperatura del agua varía de -2 a 10 °C. Hay tormentas cíclicas, que se mueven alrededor de la Antártida en dirección este, causadas por la diferencia de temperatura entre el hielo y el océano abierto. En algunos lugares de la costa hay vientos constantes que soplan desde el interior de la Antártida, por lo que la costa está libre de hielo. La superficie oceánica comprende entre los 60° de latitud Sur y la Corriente Circumpolar Antártica, la más grande del mundo marino y la que tiene los vientos más fuertes del planeta.

En el fondo del océano Antártico hay yacimientos de petróleo, gas natural, minerales, pero felizmente no se los podrá extraer porque la Antártida está bajo la protección de muchos países que firmaron convenciones para la conservación de los recursos vivos marinos de la zona. En la superficie, la flora se limita a la tundra en los archipiélagos e islas, con muy pocos bosques de arbustos. Focas, leones marinos, calamares, unos peces muy pequeñitos llamados krill y ballenas viven en el mar, mientras en tierra hay colonias de pingüinos y aves marinas (albatros, por ejemplo). La pesca está prohibida en la mayor parte y, donde se la permite, está estrictamente controlada.

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