Cápac Inca (“el Poderoso Inca”) y Sapa Inca (“el Inca, el único”), así llamaban sus súbditos, entre otros títulos, al soberano del imperio más extenso, avanzado e implacable de la América precolombina.

El emperador era la máxima autoridad del imperio e hijo del Sol, divinidad suprema. Tenía a su mando a un jefe ejecutivo del Estado y un consejo de nobles, presidido por un sumo sacerdote, que reemplazaba al Inca en su ausencia. Los jefes (curacas) de cada provincia tenían cierta autonomía en asuntos locales, pero su mandato no podía contravenir al Inca.

La capital, Cuzco, se convirtió en una ciudad magnífica, llena de templos y palacios, algunos de ellos existentes hasta hoy (aunque como parte de edificaciones españolas). En la concepción doble de las sociedades andinas (igual sucedía en los demás imperios), todo estaba dividido en mitades opuestas y complementarias: lo de arriba y lo de abajo. Esta idea, que sobrevivió incluso a la conquista española, servía también para construir las ciudades. Cuzco no podía ser la excepción, así que había dos partes en la ciudad: Anan (arriba) y Urin (abajo). Justamente, las dinastías de los incas dependieron de su origen en una parte de la ciudad.

Caminos, puentes y tributos

Una de las herencias que los incas debían al Imperio wari era el sistema de caminos a través de los Andes, que ellos mejoraron considerablemente. Para salvar ríos y quebradas, armaban rápidamente puentes colgantes, hechos de sogas, que permitían el paso de sus ejércitos, de sus chasquis y de las cargas de tributos que cobraban. Es conocido que la producción total de una comunidad se dividía en tres partes: una para el pueblo, otra para el Sol y otra para el inca. Ello quiere decir que se expropiaban dos tercios de la producción local. Los incas, sin embargo, hacían reservas de granos que podían repartir, en caso de malas cosechas, a otras partes del imperio.

El inca Pachacútec

Fue durante el gobierno del noveno inca, Pachacútec, que se produjo una primera gran expansión del imperio, desde Titicaca hasta Junín.

Este inca mejoró la organización del Estado, reglamentó los tributos, la forma de cobrarlos y repartirlos. Asimismo, organizó a los chasquis, mensajeros reales, entrenados para recorrer a pie rápidamente largas distancias, con un sistema de postas, para llevar noticias de viva voz; o los quipus, un sistema de contabilidad, y posiblemente de escritura, consistente en un atado de cuerdas de lana y algodón de diferentes colores y nudos, que solo era entendido por especialistas (los quipucamayoc).

Pachacútec dividió el imperio en cuatro regiones o suyos, de donde proviene el nombre de Tahuantinsuyo, o sea, el reino de las cuatro partes del mundo, de los cuatro puntos cardinales. Esto muestra, también, el objetivo final al que aspiraba el imperio.

Túpac Yupanqui

Quien habría de ser el décimo inca ya se había destacado como militar durante el reino de su padre. Dicha característica la confirmó como gobernante, al expandir inmensamente el imperio. Tras asumir el trono, amplió las fronteras hacia el sur hasta llegar al río Biobío en Chile, y sometió a algunos pueblos del altiplano y del norte argentino.

Tras dominar a los pueblos del norte del Perú, especialmente a los chimor, emprendió la conquista del norte andino. Sometió a los pueblos Chachapoya, Huancabamba, Palta y Cañari, alrededor de 1450. Sin embargo, no logró derrotar a la Confederación norandina, que unía a los pueblos desde Alausí hacia el norte, bajo la jefatura de la dinastía de los Duchicela, por lo que regresó al Cuzco en 1460. Dos años después, realizó un nuevo intento de conquista de la Confederación norandina. Como recordarán por Historia del Ecuador, en la batalla de Tiocajas (1462) triunfaron los incas sobre los duchicelas. Hualcopo Duchicela fijó, entonces, su residencia en Atuntaqui, donde se fortaleció militarmente para seguir enfrentando a los incas. Al año siguiente, este jefe muere y le sucede Cacha Duchicela, Shyri XV, el último de los Shyris, quien gobernó 24 años.

Túpac Yupanqui mejoró la recaudación de los tributos y nombró nuevos gobernantes visitadores (tucuy ricuy).

Huayna Cápac

Su hijo Huayna Cápac sofocó de manera cruenta las continuas rebeliones en su inmenso imperio, el cual se había expandido por la costa sur del Perú, Chile (Tacna), Argentina (Tucumán) y Bolivia (Sucre).

Volvió a la carga en el norte, derrotó a los chachapoyas y anexó la región del golfo de Guayaquil. Además, sometió a los paltas de la actual Loja. En el Azuay, ordenó la construcción del palacio de Ingapirca sobre la fortaleza de Hatun Cañar, de los derrotados cañaris (1475). El enfrentamiento definitivo con la Confederación quiteña se dio en 1487, en las llanuras de Atuntaqui, donde murió Cacha Duchicela y triunfó Huayna Cápac. Los cadáveres de los combatientes en la batalla y los prisioneros degollados fueron arrojados al lago de la capital Caranqui, llamado desde entonces Yaguarcocha.

Los jefes del derrotado ejército quiteño se congregaron en asamblea y nombraron Shyri (reina) a Paccha, hija del difunto jefe, pues Huayna Cápac, con la vieja fórmula de utilizar a las élites locales, había propuesto una alianza matrimonial. Así, Paccha se casó con el Inca y se convirtió en Ñusta, princesa extranjera del Incario. Ellos establecieron su residencia en Quito.

En 1490 Huayna Cápac volvió al sur, redujo las sublevaciones en Paita, Túmbez y de los huancavilcas de la isla Puná, y regresó al Cuzco. Años después, volvió a Quito y avanzó sobre las actuales provincias ecuatorianas de Manabí y Esmeraldas, y colombianas de Nariño, Cauca y Valle. De regreso en Quito, muchos miembros de su corte y él mismo enfermaron gravemente de viruela. Falleció en 1525.

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