Estructura de la desigualdad en la historia

La esclavitud

La historia de la humanidad está llena de ejemplos de sociedades cuya estructura social se ha basado en la desigualdad.

Los grandes imperios antiguos se asentaron en el esclavismo, es decir, en una realidad en que la mayoría de la población eran esclavos, personas consideradas como cosas. La acumulación de riqueza era inmensa y las diferencias sociales, enormes.

Pasados los siglos, en algunos lugares del mundo desapareció la esclavitud, pero la mayor parte de la gente vivía en extrema pobreza mientras unos pocos tenían muchas propiedades. Pero lo dramático es que del siglo XVI hasta el siglo XIX la esclavitud tomó nuevo empuje y cubrió varios lugares del mundo, sobre todo África y América. Solo con grandes luchas se logró la supresión de la esclavitud.

Ahora ya no hay esclavos en sentido legal, pero en muchos lugares hay personas que se apoderan de otras personas y las explotan en una especie de moderna esclavitud.

El racismo

En muchos lugares y en diversos tiempos se ha considerado que las personas deben ser consideradas inferiores porque tienen distinto color de piel o porque pertenecen a otra cultura. Y por ello se las ha discriminado y explotado. Esta es una realidad que se ha repetido a lo largo de la historia y se mantiene hasta el presente.

El caso de las mujeres

En la mayor parte del mundo, desde muy temprano en la historia, las mujeres fueron discriminadas. Estaban sometidas primero a sus padres, luego a sus maridos y a las autoridades, especialmente religiosas. Su situación en la sociedad era de inferioridad, llegando a ser vendidas como propiedad. En todo caso, no podían manejar sus propiedades ni dar el voto en las elecciones.

Desde entonces las cosas han cambiado y gracias a la lucha de las mujeres se las considera ahora legalmente iguales. Pueden manejar sus bienes y dar el voto, entre otras cosas. Pero la discriminación de las mujeres sigue siendo una realidad. Cuando hacen el mismo trabajo que los hombres, por ejemplo, ganan menos en promedio. Es un caso claro de desigualdad.

El estudio de la historia nos permite reconocer esas diferencias sociales y nos compromete a luchar por superarlas.

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