El Renacimiento y el humanismo

En los siglos XIV y XV surgió un movimiento muy especial, el humanismo, que va a ir de la mano del llamado Renacimiento. La gente tenía conciencia de que el mundo se hallaba en una época nueva, al tiempo que volvió a apreciar la literatura, la filosofía y el arte clásico grecorromanos.

¿Quiénes eran los humanistas y qué proponían?

Por entonces se llamaba “humanistas” a los profesores de lengua, literatura, historia y arte, y “humanidades” a los estudios de esas materias. Ahora bien, el humanismo sobrepasó el mundo académico, y no fue solo pedagógico, literario, filosófico y religioso, sino que se convirtió en un modo de pensar y de vivir que giraba en torno a una idea principal: en el centro del Universo está el hombre, imagen de Dios, criatura privilegiada, más digna que todas las cosas de la Tierra.

Leonardo Bruni (1370-1444) propuso formar a los alumnos para una vida de servicio activo a la comunidad, dándoles una base amplia y sólida de conocimientos, principios éticos y capacidad de expresión escrita y hablada. Esto se lograba por la lectura y el comentario de autores antiguos, griegos y latinos, especialmente Cicerón y Virgilio, y la enseñanza de la gramática, la retórica, la literatura, la filosofía moral y la historia. Sin embargo, el humanista era algo más que un maestro: su preocupación por los problemas morales y políticos le llevaba a adoptar posiciones humanistas respecto de la política y la vida cotidiana, la religión y las fiestas, el cosmos y la economía, en el sentido de que nada de lo humano le era ajeno.

Humanistas italianos

Figuras representativas son Francesco Petrarca (1304-1374), quien estudió y estableció los textos auténticos de las obras de Virgilio, Tito Livio, Cicerón y San Agustín, y Giovanni Boccaccio (1313-1375), que impulsó la enseñanza pública en Florencia y tradujo del griego a Homero y Eurípides. Ambos escribieron sus propias obras literarias.

Bruni y Flavio Biondo (1392-1463) fueron los iniciadores de la historiografía moderna, que supera meras descripciones y anécdotas y busca una verdadera interpretación del pasado.

Nuevos intérpretes de los filósofos griegos fueron Pietro Pomponazzi (1462-1525), de Aristóteles y de Platón, Marsilio Ficino (1433-1499) y Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494). Este último escribió un famoso Discurso por la dignidad del hombre.

Dos figuras italianas adicionales, de gran relieve, fueron Nicolás Maquiavelo (1469-1527), fundador de la ciencia política, quien escribió el primer tratado sobre cómo conquistar el poder y conservarlo, y Giordano Bruno (1548-1600), un exmonje, precursor de la Revolución científica, quien defendió el heliocentrismo (las estrellas son soles con sus propios planetas) y la infinitud del universo. Eso era demasiado revolucionario, por lo que, tras enseñar en media Europa y regresar a Italia, fue apresado y juzgado por la Inquisición y quemado en la hoguera bajo la acusación de hereje.

Difusión del humanismo por Europa

La rápida difusión del humanismo italiano a todos los círculos cultos de Europa occidental, junto a las nuevas ideas filológicas, historiográficas, artísticas y literarias, se debió a: 1. la imprenta; 2. los sabios griegos, que debieron abandonar Constantinopla después de su caída en manos de los turco-otomanos; 3. la relación epistolar entre los hombres de letras europeos; y 4. las primeras universidades.

Otras figuras del humanismo en Europa fueron el inglés Tomás Moro (1478-1535), quien visualizó una sociedad perfecta en su libro Utopía; el holandés Erasmo de Rotterdam (1466/691536); el propio reformador protestante Martín Lutero (1483-1546); el valenciano Juan Luis Vives (14921540); el científico polaco Nicolás Copérnico (1473-1543) y los franceses Michel de Montaigne (1533-1592), inventor del género literario del ensayo, y François Rabelais (1494-1553), que compuso una de las primeras novelas (Gargantúa y Pantagruel).

Rasgos del humanismo

El rasgo ideológico capital del humanismo renacentista fue el antropocentrismo, es decir, la consideración de que todo gira en torno al hombre. Nació de la fe en el hombre, en su dignidad intrínseca, sus valores y su razón. De allí su optimismo, frente a la visión pesimista medieval (“la vida es un valle de lágrimas”). Propone que el hombre es el centro de la creación. Buscar el propio perfeccionamiento y la consecuente felicidad son actitudes legítimas que no nos tienen por qué alejar de Dios. Proclama el pacifismo, en rechazo a todo tipo de guerra que atenta contra la dignidad del hombre.

Otra constante fue la revalorización del provecho más personal, o egoísta. No se despreciaba la fama, el dinero o el goce de los sentidos. Por otro lado, se buscaba el equilibrio y elegancia en el comportamiento y en la expresión hablada y escrita.

El humanismo hoy

Y hoy ¿qué podemos decir del humanismo? ¿Nos interesa, como jóvenes del siglo XXI, algo que nació hace más de 500 años? Pues sí, sí nos interesa. El humanismo sigue vigente en toda doctrina cuyo principio fundamental sea el respeto a la persona humana y la conciencia de su dignidad.

Hoy el mundo se globaliza y ya somos más de 7.300 millones de seres humanos. Sin embargo, persiste la pobreza para la mitad de esa población, y hay desigualdades terribles dentro de cada sociedad y entre una sociedad y otra, mientras hay una concentración de riqueza y poder nunca vistos en la historia humana.

El humanismo tiene algo que decir frente a todo esto: que lo importante es el ser humano, y que debe ser el centro de todas las preocupaciones. Que el fin del hombre y de la mujer no es el vacío existencial, la competencia salvaje y el consumismo sin límites, y tampoco la entrega a modelos autoritarios que suprimen la libertad.

El humanismo busca despertar la conciencia de los poderosos, pues los problemas de salud, empleo, educación y vivienda en vastas regiones del planeta se podrían resolver con muy poco de la riqueza del Primer Mundo más la actual tecnología.

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